El trato.

Fragmento anterior: La llamada del Oráculo.

Spock no pudo hacer otra cosa que mirar fijamente a su montura, sin entender muy bien cómo era que estaba despertando cuando apenas hacía unos segundos había estado muerta junto a él. El elfo no fue capaz de reaccionar hasta que la voz ronca de Lúa habló.

-La duda ofende- le contestó con una sonrisa y derramando lágrimas de felicidad.

El elfo, fascinado por tener de nuevo a la dragona viva, acarició sus escamas casi con devoción, ignorando dentro de su felicidad los cadáveres y la muerte que todavía les rodeaba. Cuando la dragona quiso levantarse Spock trató de empujarla de nuevo al suelo, quiso pedirle que se quedara allí hasta que se recuperara y que, una vez recuperada, ambos se fueran lejos, que daba igual lo mal o bien que fueran las cosas ahí, que no tenía que ser problema suyo, pero su montura quedó como en trance y el elfo sólo pudo resoplar de forma cansada, viendo ya que las cosas no iban a ser como él quería sino que realmente algo estaba ocurriendo y ellos no podían quedarse al margen por mucho que él lo deseara.

Cuando Lúa volvió en sí, Spock refunfuñó un poco ante sus palabras y se dejó llevar escuchando pacientemente las palabras de la dragona.

-¿El Oráculo?- preguntó extrañado. -¿Qué querrá el Oráculo de ti? ¿Y por qué esas prisas? A mí algo me huele raro. No ha dado señales desde hace décadas y en ningún momento le ha importado nuestra guerra y ahora dice que se acaba el tiempo. No, algo aquí no me gusta.

***

Lúa se dio todavía más impulso tratando de ignorar las punzadas de dolor en las alas, volando más deprisa pero tratando de evitar la niebla.

-Ya, a mí también me huele raro. Pero quiero saber qué sucede, ¿tú no? Además, esta neblina… no me gusta, Spock. Algo pasa y quiero saber qué es.

El vuelo se le hizo a la dragona larguísimo tras la resurrección, pero cuanto más se esforzaba menos le dolía. No tardaron tanto como ella pensó en llegar, y al aterrizar, espantando una manada de unicornios. Lúa miró a su alrededor, encantada. Era tan verde… un lugar que parecía tan sano… Sin dejar a Spock desmontar emprendió el camino hacia el templo que se vislumbraba no muy lejos de allí.

Cuando entraron, la dragona se quedó boquiabierta. Era un templo enorme, decorado con motivos geométricos de forma armoniosa. Lo más destacable era el silencio. 

***

Hasta que este quedó roto por una voz que provenía del fondo del mismo, con un eco reverberante que rebotaba de pared en pared.

-Al fin estás aquí. ¿Has venido lo más rápido que has podido, verdad?- y la voz pareció provenir desde un punto completamente diferente. -Se nota. Debes de estar muy cansada... ¡Y anda! Traes un invitado extra a la velada que... no he autorizado a venir- otro punto desde el que provenía la voz- me encanta que te tomes tantas libertades...- y pareció provenir de delante de sus propios rostros, como si les estuvieran hablando a diez centímetros de la cara- como si esta fuera tu casa.

***

Lúa avanzó un poco más, cautelosa, hasta que una voz, la misma que había escuchado en su cabeza, comenzó a hablar, resonando en distintos puntos de la habitación.  

-Estoy cansada, sí, pero quiero saber qué pasa- respondió con voz fatigada. -Y Spock no es un invitado más. Es parte de mí. Somos un equipo, una familia. Allá donde va uno va el otro- dijo algo a la defensiva, elevando el cuello para proteger a su jinete. -Todo lo que le cuentes a uno es como si se lo contaras al otro.

***

-Está bien- claro y conciso. 

Después, unos largos segundos de silencio y una inquietante quietud. Una especie de humo espeso y pesado comenzó a provenir de todos los rincones de la sala, y empezó a converger en un solo punto, delante de ellos dos. 

Una figura con aspecto humanoide, pero difusa a pesar de todo, se hizo presente. -Quiero compensarte por algo que he hecho y ha provocado tu muerte. Se acerca un mal común a todos los seres de este mundo, y quiero otorgarte un poder mayor para que puedas enfrentarte a él. No hay condiciones, es mi forma de disculparme, de ayudarte y de ayudar a todos, incluidos tu jinete, e incluso yo.

***

Spock comenzó a susurrarle a Lúa al oído lo sospechoso que le resultaba todo este asunto desde el momento en que la dragona paró de hablar, mascullando que el Oráculo se tramaba algo. Lúa meneó las orejas, molesta, mientras le chistaba para poder escuchar lo que la voz le decía, retrocediendo unos cuantos pasos al materializarse ante ella una figura de aspecto humano. Guardó silencio hasta que el ser mencionó algo acerca de su culpabilidad por la muerte de ella, momento en que el elfo que llevaba en el lomo comenzó a revolverse susurrándole furiosamente en la oreja un "¿¡Acaba de decir que moriste por su culpa!?".

Lúa se volvió y le dio un lametón a Abrazarboles musitando a su vez. -Veamos qué se trae entre manos-. Después se volvió al Oráculo. -Mi muerte no fue culpa más que de la guerra. Dime, Oráculo: ¿cuál es el peligro que hay? ¿Cómo planeas favorecerme?

***

 El oráculo chistó un par de veces antes de proseguir con su discurso.

-Espero que tu cerebro sea proporcional al tamaño de tu cuerpo y que sepas establecer las similitudes entre la voz que pensabas que era de Astracán y la que estás oyendo ahora mismo. Creo que tú misma pudiste oír con tus propios oídos la voz del centauro, y creo que tienes más que seguro que no te sonaba de nada ¿no es así?- la figura permaneció solemne. -No me gusta deber nada, dragón, prefiero que me lo deban a mí, así que quiero saldar mi deuda y no tengo tiempo de esperar a que te decidas, así que hazlo rápido: ¿sí o no?

***

Spock volvió a quejarse sobre el lomo de Lúa, elevando el tono y agarrándose a sus escamas para que se le viera por encima de la cabeza de la dragona. -¡¿Cómo puedes pedir una decisión rápida si acabas de confesar que nos engañaste?! 

La dragona miró dubitativa a la figura que tenían ante ellos, ladeando la cabeza. Abrazarboles tenía un punto, pero el Oráculo parecía decir la verdad. 

-Creo que voy a aceptar- le susurró a Spock sin desviar la mirada del ser. -Parece ir en serio. ¿Tú qué dices?

-No me fío, pero el oráculo lo ha dicho, es tu decisión, no la mía. Sólo espero que estés completamente segura.

Lúa asintió con la cabeza. Después la bajó para que sus ojos estuvieran a la altura de la figura que les observaba. -De acuerdo, acepto. Siempre que nos digas qué está pasando. Y qué es esta niebla.
 
Después elevó el cuello de nuevo y se afianzó sobre las patas. -Adelante.

***
El humo que componía aquella figura humanoide se dispersó como si alguien hubiera agitado la mano ante él. La voz volvió a hacerse reverberante, y comenzó a rebotar por las paredes del templo de nuevo.

-No puedo decir ni qué sucede ni qué significa esta niebla. Sé que va de Norte a Sur y sé que me siento más cansada desde que ha aparecido. Mis poderes se debilitan, y las brujas de la isla del fin del mundo ya han contactado conmigo para pedirme ayuda. Es la isla que se encuentra más al Norte en el mapa, y su magia ha dejado de funcionar. Sé que la niebla se traga la magia, y sé que este es un mundo mágico, lo que significa que estamos todos en peligro porque un mundo mágico sin magia, desaparece- una breve pausa y un cambio de procedencia de la voz, que ahora venía de un pasillo distinto. -El proceso es doloroso, lo sé, pero te otorgará más poder. Al fin y al cabo, la antítesis de los dragones, aquello que no podéis vencer, es el agua, y eso te ofrezco yo. Si no hay tiempo es precisamente porque no sé durante cuanto más voy a tener este poder, y te debo más de lo que crees. Entrarán en breves a recogeros, aunque sería mejor que el joven elfo se quedase aquí. No es un espectáculo agradable.

***

-Gracias, pero no - contestó Spock impasible-. No pienso moverme de su lado y más aún si le va a doler. Sea quien sea quien viene a por Lúa va a tener que llevarme a mí también con ella.

Fragmento siguiente: Esperanza de diamante.

*Post escrito junto a Marina-Muffie, la creadora de Spock Abrazarboles, jinete de Lúa, y Almu-Khoana, la creadora de Bloggerland y Oráculo*

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