El vínculo

Lúa llevaba un tiempo inquieta. Su curiosidad crecía más y más y ya no se daba por satisfecha únicamente con las respuestas de sus padres, por lo que cada vez más a menudo se escapaba de su cueva para explorar, observar y aprender ella misma las cosas. Tenía mucho interés por las distintas razas que conocía de su mundo, y había conseguido observar sin que se dieran cuenta (o eso pensaba ella) la sociedad de los centauros, así como a los fénix, a los que se sentía unida por ese amor que ambos profesaban hacia el fuego. 

Sin embargo la costumbre que más le llamaba la atención era una que tanto su raza como los elfos compartían: una especie de prueba de madurez que determinaba si los jóvenes podían comenzar a valerse por sí mismos… y en la que, además, podían encontrarse como almas gemelas que compartirían de ese momento en adelante sus vidas, una amistad inquebrantable que desde entonces les acompañaría para siempre. Por ello esa noche, cuando su padre le había dicho que había llegado el momento de ver si ella podía pasar el rito sin problemas, se había vuelto loca de alegría.

¡Un jinete! ¡Voy a tener un jinete! ¡Voy a tener un amigo para siempre!” se decía retozando hiperactiva por su cubil, ansiosa por saber que era al día siguiente y sin saber realmente qué esperarse pero increíblemente alegre, volviendo locos a sus padres. Su madre le lanzó un bufido de advertencia a la quinta vez que la dragoncita correteó por la cueva prendiendo fuego sin querer a una de las esterillas que cubrían el suelo de piedra.

-Lúa, ven aquí- la retumbante voz de su padre, grave y profunda, detuvo su revoloteo y la pequeña, dirigiendo una mirada de disculpa a su madre, que se afanaba en apagar el fuego, se acercó hacia él para restregar su cabecita (que sólo presentaba unos pequeñísimos cuernos romos) contra la quijada de él. El enorme dragón negro le apoyó una pata en el lomo juguetonamente, una faceta que no solía mostrar mucho, derribándola de espaldas. –Lúa, no puedes emocionarte tanto. Tienes que prestar atención a la parte de conseguir tu independencia y no dedicarte por completo a pensar que puedes conseguir un jinete… Ya sabes que no todos los dragones consiguen un jinete, mira a tu madre, por ejemplo- Lúa fue a hablar pero su padre no la dejó, aunque permitió que se enderezara y se sentara frente a él. –Tienes que estar preparada, no todos son elegidos y eso no es malo.
La dragoncita sacudió la cabeza y se le encaramó al lomo, mordiéndole la escamosa oreja. –Sí, ya lo sé… ¡pero yo voy a ser como tú! ¡Yo tendré un jinete!

Cuando por fin consiguieron que se acostara la pequeña no pegó ojo, pensando en las palabras de su padre sin poder dejar de darles vueltas. “¿Y qué pasaría si al final no consigo un jinete? Yo quiero un amigo para siempre. ¿Sería una fracasada? Mamá no es una fracasada pero… yo quiero ser especial. Quiero mi vínculo”. En resultas de todas las vueltas que dio sin poder descansar ni un momento, torturándose imaginando cómo serían las pruebas y qué es lo que pasaría si todos los otros dragones encontraran un jinete menos ella, a la mañana siguiente la pequeña se caía de sueño, sin poder dejar de dar cabezadas, y comenzaba a encontrarse mal por los nervios que la carcomían. El vuelo hacia la plazoleta en la que tanto los jóvenes elfos como los dragoncitos se encontrarían se le hizo demasiado corto, y pronto, demasiado pronto, había recibido la última caricia cariñosa de su madre y el topetazo de su padre antes de que este volara a reunirse con su jinete.

Lúa se quedó inmóvil por un momento sobre la arena, temblando, observando, demasiado nerviosa para moverse, cómo sus congéneres jugueteaban por allí y cómo poco a poco iban llegando los jóvenes elfos... y lentamente se puso a andar.
***
Spock miró maravillado aquel lugar. Decenas de aquellos magníficos seres volaban y retozaban por el suelo, ajenos al grupo de elfos que los observaban inmóviles. Los elfos más longevos dieron un paso al frente llamando la atención a aquellos ejemplares en cuyos ojos se leía la sabiduría de más de mil años. Spock se aferró fuertemente a la mano de su madre sin apartar los ojos de aquel espectáculo.

A él siempre le habían fascinado los dragones. Sólo había conocido personalmente a un dragón, pero lo había tenido lo suficientemente cerca como para dejarle encandilado. Esgyrn era la montura de su madre. Él nunca había llegado a entender del todo el significado que eso tenía tanto para elfos como para dragones, por mucho que su madre se lo hubiera intentado explicar. Un dragón no sólo era una montura para un elfo, le había dicho su madre, era un amigo, un compañero, un apoyo. El cómo enfocaras y cuidaras esa relación podría ser la diferencia entre tener un compañero de por vida o caer en desgracia al no honrar ese vínculo.

Los otros clanes de elfos comenzaron a moverse y Spock supo que en unos minutos él, junto con el resto de elfos del clan Abrazarboles que se encontraban en su rango de edad, deberían mezclarse entre los jóvenes dragones donde, de alguna manera, deberían encontrar su futura montura esperando esperanzados a que el vínculo se diera de forma natural, ya que, según les habían explicado, era algo que no podía forzarse en absoluto. Siendo justos, por mucho que se deseara y buscara el vínculo este no tenía por qué darse. No todos los elfos encontraban su dragón, al igual que no todos los dragones tenían a su elfo. El vínculo era complejo y misterioso, no muchos lo entendían y menos aún podían discernir su naturaleza o funcionamiento: lo único que estaba seguro es que se trataba de un suceso de increíble trascendencia para los involucrados. 

Spock sintió cómo su madre soltaba su mano y le daba un pequeño empujoncito en el hombro, animándole a entrar al círculo de los dragones donde los demás elfos y elfas de su edad ya habían comenzado a acercarse. Spock miró algo inquieto hacia su madre y a Esgyrn, quien se había acercado sentándose a su lado. ¿Y si no encontraba a su dragón vinculado? ¿Y si nunca conseguía tener una amistad como la de su madre y su dragón? Él quería tener un amigo dragón. Quería volar sobre él, acariciarle las escamas, enseñarle sus sitios favoritos de las montañas… Él quería el vínculo. La sonrisa de ambos le quitó todos los miedos que pudiera tener, y se encaminó emocionado hacia los alegres dragones y los jóvenes elfos de los distintos clanes.
***
La dragoncita, por mucho que paseaba por allí, no encontraba a nadie que realmente le gustara. Esa elfa porque era muy estirada. Ese porque tenía cara de estar oliendo de todo menos flores. Ese de más allá porque era muy serio… Lúa comenzaba a desanimarse ya que algunos de ellos estaban comenzando a juntarse. No muchos, y aún quedaban muchos dragones y muchos elfos sin juntarse... y después de todo el vínculo podría forjarse en cualquier momento, ya fuera ahora, cuando la prueba aún no había comenzado, como casi finalizando la prueba, pero sin embargo no podía  dejar de pensar que iba a fracasar. “Y encima los mayores lo están viendo todo. Qué espectáculo más penoso debemos dar los solitarios…” se dijo agachando la cabeza y estirando las alas un momento. En ese instante una elfa bajita y con el pelo ensortijado, algo poco común para los su raza, se le acercó corriendo sonriéndole con los ojos brillantes.

-Hola- le dijo balanceándose sobre la punta de los pies. Lúa la miró de pies a cabeza y esbozó una sonrisa nerviosa que le arrugó el morro. “¿Tú vas a ser mi jinete? Pero no siento nada de lo que mi padre me habló...”.
-Hola- decidió responder, con la voz temblándole y crepitando por el nerviosismo. Al escucharlo, la elfita se echó para atrás, visiblemente asustada.
-Oh, creo que me he equivocado…- dijo antes de echar a correr lejos de ella.

Lúa se planteó por un momento salir volando de allí y ahogarse en el río, cualquier cosa que pudiera evitarle ese momento tan humillante. “¿Se ha asustado por mi fuego? ¡Pero no iba a hacerle nada! ¡Soy un dragón, no puedo evitar que mi voz suene a fuego!” se repetía mientras los ojos comenzaban a escocerle por las lágrimas no derramadas. Lúa cabeceó cada vez más triste y echó un vistazo de nuevo a la plaza. Y en ese momento vio una espalda encorvada, un elfo sentado en la arena dándoles la espalda y en quien nadie más se había fijado, y algo se encendió dentro de ella, algo hizo click. El mundo de pronto era diferente, más definido.  

La dragoncita se giró hacia allí lentamente, sin prestar atención ya al resto de elfos que trataban de llamar la suya, tratando de captar cada detalle del joven. Era moreno, tenía el pelo largo y liso y por la postura de sus hombros estaba muy, muy triste. Lúa esbozó una sonrisa y dio un paso hacia delante. “No quiero que estés triste” pensó inconscientemente comenzando a trotar suavemente mientras se acercaba hacia él. “Quiero que estés contento”. En ese momento el elfo se levantó aún dándole la espalda y comenzó a alejarse. Lúa frunció el ceño. “Ah, no. ¡Ni hablar! ¡No te me escapes!” se dijo antes de extender las alas para darse mayor velocidad… perder el equilibrio y caer sobre él, haciendo que el elfo se derrumbara con un quejido dolorido sobre el suelo.

-¡Hola!- le dijo alegremente sin quitarse de encima. -¡Soy Lúa! ¿Cómo te llamas?- la dragoncita le sacó la lengua y arrugó el morro en una sonrisa enorme, con el corazón lleno de alegría. Ahora lo sabía. Eso era de lo que hablaban. Ese era su elfo. La sensación de pertenencia, de verse en los ojos del otro y reconocerse de un modo instintivo, hizo que se estremeciera de alegría. Ahora sabía lo que era, y supo instintivamente que los dos estarían juntos para siempre.
***
La emoción de Spock no le duró mucho, ya que a medida que correteaba por entre los dragones y los otros elfos su ánimo iba decayendo al no percibir aquella sensación tan especial de la que su madre tanto le había hablado. Al principio había intentado hablar con algunos dragones, pero al ver estos que no se trataba de su jinete vinculado lo ignoraban en pos de otros elfos y la sonrisa del elfo pasó rápidamente de una alegre y risueña a una tensa y forzada. 

El pequeño elfo esperara que la historia se repitiera y que, tal como le pasó a su madre, sólo le bastaría entrar en el círculo de dragones para que sus pasos se dirigieran por voluntad propia hacia su dragón vinculado, pero ya había pasado tiempo y el milagro no ocurría.

Decaído y desanimado al ver a muchos de sus hermanos elfos asentándose con algunos dragones, Spock terminó sentándose en una esquinita de espaldas al círculo de dragones y elfos. De su clan siempre habían salido jinetes de dragones. Quizás, pensó Spock, él sería el primer Abrazarboles en no tener montura. Quizás, pensó a su vez, no había dragón para él. Y eso estaba también bien. Su madre ya le había dicho que no todos los elfos conseguían montura, pero él realmente lo había deseado tanto...

Más desanimado que nunca, Spock se levantó decidido a volver con su madre. No quería seguir dando vueltas entre dragones y elfos y hacer el ridículo, esperaría al ritual sentado junto a su madre y Esgyrn. Quizás, con suerte, encontraría a su dragón durante el ritual, pero Spock ya no lo creía posible. 

Ensimismado en su miseria no se percató de una dragona que se abalanzaba sobre él... hasta que no estuvo despatarrado en el suelo boca abajo con la dragona sobre él mirándole y sacándole la lengua. A Spock le costó procesar lo que estaba ocurriendo y estuvo a punto de quitar la cara de confusión absoluta que mantenía con la firma intención de mostrarle su enfado a la dragona que tenía encima, pero entonces giró más la cabeza y se fijó más detenidamente en los grandes ojos y la expresión juguetona de la dragona roja. Algo calentito empezó a nacer en su interior y, a medida que ésto se fue extendiendo por todo su cuerpo, la comprensión llegó a él. Ah, sí. Eso era.

-Spock- musitó hablando con dificultad por el peso, pero sonriendo ampliamente. -Spock del clan Abrazarboles.

POST ESCRITO JUNTO A MARINA-MUFFIE, QUIEN HA PUESTO VOZ Y HA ESCRITO TODO LO RELACIONADO CON CÓMO SU PERSONAJE, SPOCK ABRAZARBOLES, HA VIVIDO EL EVENTO.
... Y con la inestimable colaboración de Gonzalo, quien me dijo la palabra "acelerar" cuando a mí se me había olvidado.

3 comentarios:

  1. Y con la colaboración inestimable de Gonzalo por la palabra "acelerar". Te lo has dejado.

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  2. ¡¡Hola!!
    Lo de Gonzalo me ha matado jajajajajajaj
    Aaaaaaaiiiis, que duo más bonito! !! Cómo me gusta n///n
    ¿Sabes? Me ha recordado a mi novela de dragones por lo de que no todos consiguen jinetes, y me ha dado unas mini ganas de continuar escribiendola * llora*

    Quiero más droga! Que al final no me he podido esperar a llegar a casa para leerlo y estoy saliendo de trabajar media hora más tarde jajajjaja

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  3. "Algo calentito empezó a nacer en su interior y, a medida que ésto se fue extendiendo por todo su cuerpo, la comprensión llegó a él. Ah, sí. Eso era."
    Qué bonitooooooooooooooo :D No me esperaba menos jaja Ha sido súper mega tierno :D Además con ese sí pero no... me das un poco de miedito... que te lo has creído jaja Qué cukis. #Muyfandespúa
    Y la mención de Gonzalo ha sido lo más jajaja
    ¡Un besazooooo!

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