La culpa.

Primera parte: Raza maldita.

El rugido de Lúa acabó muriendo, ahogado por una tristeza tan grande que casi no podía soportarla. La sirena, antes de volver al mar, se inclinó ante ella, tratando de consolarla con un roce de su piel húmeda, pero la dragona tenía el corazón roto.

Observó cómo la sirena desaparecía, tragada por las mismas aguas a las que confió su descendencia, y no pudo evitar rugir de nuevo. Spock se acercó de nuevo, colocándole la mano en la pata, acariciándole las escamas en silencio. -No voy a ver a mi bebé nunca- susurró Lúa, con el crepitar del fuego recorriendo su voz. –Ha muerto- sollozó. –Tengo que estar sola un rato, Spock, perdóname, por favor. 

Antes de extender las alas y echar a volar sacó a su amigo del agua, incapaz de dejarle rozando ese mismo mar que se había tragado para siempre a su cría, y de inmediato voló hacia el bosque. No tardó mucho en llegar a donde quería: una piedra plana y caliente por el sol, donde había ido numerosas veces a pensar. Sabía que Spock conocía donde estaba pero también sabía que no la iba a venir a buscar, no hasta que ella le buscara a él. Se aovilló sobre la piedra y, elevando el morro hacia el cielo, dejó que las lágrimas corrieran, ardientes, por sus escamas. “Mi bebé está muerto” se dijo, ahogando un sollozo aún más grande. “Es todo mi culpa. Cedí ante la presión. Yo podría haberlo cuidado, podría haberlo hecho, no necesitaba a nadie… Abrazarboles se habría quedado con él si se lo hubiera pedido, me habría ayudado. Era mi hijo y lo abandoné. Me lo merezco”.

-Es mi culpa- musitó entre lágrimas, humillando la cabeza y apoyando la quijada sobre la piedra. –No debería haber dejado que se llevaran mi huevo. Tendría que haberlo escondido. Es mi culpa.

Lúa lloró durante largo rato, tendida en la piedra, ahogándose en el odio y el desprecio hacia sí misma por no haber desafiado al resto de dragones y haberse quedado a su bebé. “Veinte años no habrían sido nada si hubiera estado conmigo”, pensaba sin poder dejar de recordar, como a cámara lenta, lo sucedido esa mañana. Aún podía escuchar el cántico que provenía del mar, llorando por los hijos de su raza. 

Fue cuando el sol se ocultaba ya el momento en que el río de lágrimas se secó, aunque siempre quedaría algo oscuro en la mirada de la dragona. Nunca olvidaría ese día, que pesaría como una losa sobre su corazón. Lúa se levantó y fue en busca de su jinete, que estaba sentado a la orilla, observando cómo las olas lamían la arena. 

-¿Nos vamos, Abrazarboles?- le dijo, con la voz ronca de tanto haber llorado. –No puedo quedarme aquí, no ahora. Por favor...

Continuación: La guerra ha comenzado.

2 comentarios:

  1. ¡Holaaaa!
    Jolines... cada vez es más triste :(
    Pero no debería sentir esa culpa :(
    ¡Y a dónde van a ir? :(
    Está genial escrito ^^ ¡enhorabuena guapa!
    ¡Un besazooo!

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  2. DEJA DE PONERME TRISTE!!! NO VOY A SENTIR LASTIMA POR UN DRAGÓN BOBO Y...BUAAAAAAH!!

    Aiiis, me gusta mucho :3
    Es muy monosa. No sé porqué pero me recuerda a la dinosauria amiga de Piecito ( el de En busca del Valle perdido) ^^
    A ver si me decido por la historia de Osiris.. xD con los dragones lo tengo fácil pero fénix. .. no los he tratado nunca xD

    Un beso!
    Mavy

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