domingo, 23 de julio de 2017

Reseña: «El tapiz amarillo».

Charlotte Perkins Gilman
Número de páginas: 99
Precio: 6.65 €
Editorial Siglo XXI
Terror psicológico



«John es médico, y es posible (claro que no se lo diría a nadie, pero esto lo escribo sólo para mí, y con gran alivio por mi parte), es posible, digo, que ése sea el motivo de que no me cure más deprisa. ¡Es que no se cree que esté enferma! ¿Y qué se le va a hacer?

Si un médico de prestigio, que además es tu marido, asegura a los amigos y a los parientes que lo que le pasa a su mujer no es nada grave, sólo una depresión nerviosa transitoria (una ligera propensión a la histeria), ¿qué se le va a hacer?».

SINOPSIS

Publicado por primera vez en 1892, El tapiz amarillo está escrito como el diario secreto de una mujer que, debilitado su gusto por el matrimonio y la maternidad, es obligada a una cura de reposo en el campo para remediar su «condición nerviosa», que en realidad sólo era una depresión posparto. Aunque ella desea escribir, su esposo y doctor se lo prohíbe, prescribiendo en cambio pasividad completa. Encerrada en su habitación, la protagonista crea una realidad propia más allá del dibujo hipnótico del desteñido tapiz amarillo, un dibujo que ha venido a simbolizar su propia reclusión. Narrado con soberbia precisión psicológica y dramática, El tapiz amarillo se destaca no sólo por la autenticidad imaginativa con la que pinta el descenso a la locura de una mujer, sino también por la fuerza de su testimonio de la importancia que la libertad y el autoempoderamiento tienen para la mujer.

MI OPINIÓN

Debido a la enfermedad nerviosa de la protagonista, ella y su marido tienen que marcharse durante tres meses a una casa solariega en medio del campo. Ella sabe, en realidad, que su condición no se limita a un leve histerismo, como todos a su alrededor se empeñan en recalcar, pero poco puede hacer al respecto, excepto llevar a escondidas un diario en el que intenta plasmar sus sentimientos. Recluida en un cuarto que odia, siempre sola, comienza a obsesionarse con el diseño del papel tapiz de color amarillo que empapela las paredes… y donde puede ver, claramente, que algo quiere liberarse y salir.

El tapiz amarillo, contado como un diario en primera persona, relata de forma intimista, digresiva, casi infantil, la estremecedora historia de una mujer enferma a la que constantemente niegan su enfermedad y a la que roban su autonomía en una sublime crítica hacia el sistema médico de la época y el patriarcado, que permitía la discriminación y relativización del estado de salud de las mujeres.

La única protagonista es la narradora, una mujer anónima de la que el lector solo sabe lo que ella le permite saber, lo que escribe en su diario. El resto de personajes (su marido, la hermana de este) no son más que meras herramientas de contextualización, ya que lo que este relato quiere expresar se encierra dentro de la psique de la narradora.
Entrada a entrada la mujer va contando más intimidades acerca de ella y de lo que le rodea. Así el lector llega a saber que se han trasladado a esa casa porque la mujer tiene lo que su marido llama «crisis nerviosas», que su marido realmente no la considera enferma ni la toma en serio y desestima toda preocupación u opiniones que esta pueda tener aludiendo a que él sabe más acerca de lo que a ella le conviene por ser médico, calificándola con apelativos que se darían a una niña y haciéndola sentir torpe, débil y paranoica; que no le gusta la habitación en la que se han instalado, sobre todo debido al espantoso papel pintado de la pared, amarillo y con un estampado psicodélico que la pone nerviosa; que no le permiten trabajar e incluso que tiene que escribir el diario a escondidas ya que ni su marido ni su familia lo aprobarían porque «esa actividad solo tendría repercusiones negativas sobre sus nervios».

La trama de este relato es engañosamente simple pero muy inquietante: contado por un narrador no confiable de forma sencilla, lírica, muestra el descenso a la locura de una mujer con una enfermedad mental a la que el médico y todos los varones de su alrededor, también médicos (su marido, su hermano) le han recomendado como cura para sus «nervios» el más absoluto reposo y la no interacción para no «estresarse» más durante tres meses, recluyéndola por ello en una antigua casa solariega. A medida que el relato avanza la tensión se acrecienta: se observa cómo la protagonista se siente atrapada por su vida, su marido y todos los que la rodean, y cómo a medida que pasa más y más tiempo en la habitación que su marido le ha designado, un cuarto que odia, no puede dejar de mirar el papel de la pared y seguir su estampado. Así, cuanto más lo observa y más tiempo pasa, acaba viendo a una mujer encerrada tras unos barrotes, deseando escapar.

El tapiz amarillo se inspira en la depresión posparto que sufrió la propia autora tras el nacimiento de su hija y en el método habitual con el que se trataba en aquel tiempo cualquier síntoma de lo que se consideraba simple histeria femenina: la postración terapéutica; y muestra de forma clara y terrorífica cómo la opresión y la constante invisibilización hacia las mujeres y sus problemas puede llevar a la degeneración mental.

Es un relato, en definitiva, tremendamente complejo dentro de su sencillez, con una historia absorbente y pavorosa que muestra que muchas veces los peores monstruos a los que alguien se puede enfrentar no están fuera, sino en la mente; y con una magnífica crítica a un sistema injusto e insatisfactorio en la que recalca la importancia del empoderamiento femenino.

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